Nos han robado…

“En nuestra propia cara nos quitaron la comida, nos quitaron la alegría de estar en el templo de nuestro Dios” Joel 1:16 NTV

Hace días que vengo pensando en las cosas que nos han robado. Nos han robado la capacidad de disfrutar. Nos han robado la comunión. Nos han robado la posibilidad de descansar. Nuestras agendas, nuestros programas y aun nuestras propias familias se han puesto entre Dios y nosotros. Tenemos mas compromisos que tiempos de descanso. Cuando llegué a éste versículo mi mente se detuvo y dije ahí está! Ahí está la razón de todo lo que nos está pasando.

Nos han robado la alegría de estar en el templo de nuestro Dios.

¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuando?

Fuimos nosotros mismos quienes hemos dejado la puerta abierta para que los conceptos y principios de “deleite” que éste mundo, ingrese por la puerta principal a nuestro hogar. Nadie ha forzado la cerradura de tu casa. Vos mismos le abriste la puerta al placer. Estamos coqueteando todos los días con el pecado del placer. Estamos viviendo días donde se pone mas énfasis en la experiencia que en la decisión. Ya no importa si compras esto o aquello, lo que importa es la experiencia que vive el consumidor alrededor de la compra. Fuimos nosotros mismos quienes nos hemos dejado robar. Quizás, fuimos nosotros quienes hemos vendido nuestra primogenitura “eterna” por un plato de guiso caliente “pasajero”. Todos los días estamos negociando nuestras prioridades y en nuestra propia cara, las costumbres de nuestro mundo, se introducen en nuestra vida. Estamos siendo seducidos y anestesiados por un mundo irreal de placer.

Como nos cuesta disfrutar de las cosas simples de la vida. Cada vez mas necesitamos mas lujos, mas excentricidades, mas experiencias exóticas. Nada nos satisface. La tecnología es un claro ejemplo. A los 6 meses todo lo que tenemos se vuelve obsoleto. Y todavía nos preguntamos ¿cómo nos han robado la alegría de estar en el templo? Haciendo que todo sea descartable. Nada se repara. Si se rompió, lo tirás y compras algo nuevo. Ya no tenemos la capacidad de disfrutar cuando reparamos algo. Simplemente tiramos todo lo que se rompe y lo compramos nuevo.

Justo en el momento cuando cambias la prioridad en tu agenda, ahí justo ahí, es cuando comienza el cómo. Cuando preferís una comida rápida a una cocción lenta. Todo lo queremos ya! La comida es el mejor ejemplo que encuentro para describir la rutina en la cual estamos inmersos. Trabajamos, estudiamos y aun servimos en la iglesia y volvemos a trabajar y así sucesivamente. La mejor manera en que el enemigo ha anestesiado nuestro sentido crítico es acelerando los procesos y poniendo mayor foco en los resultados. Hemos perdido la capacidad de disfrutar. Una y otra vez, cuando leo a Salomón en su libro Eclesiastés, observo que todo, absolutamente todo es vanidad. ¿Para qué corremos? ¿Para quién trabajamos? ¿Por qué necesitamos mas vacaciones? Antes nuestros abuelos se iban sólo una vez por año, porqué ahora nos vamos cada fin de semana largo, los que pueden, claro. ¿No será que hemos alterado algo en nuestras vidas?

Necesitamos re-aprender a descansar. Hace varios días que ésta es mi única oración. Señor enséñame a descansar en vos. Ayudame a disfrutar de lo que tengo. Ayudame a dormir mejor. Tan livianamente muchos de mis amigos han incorporado pastillas para dormir. ¿Por qué? Acaso no todos creemos en el mismo Dios. Acaso no todos hemos sido educados con la palabra de Dios. La ansiedad domina nuestras mesas. No hay reposo ni calma en nuestras agendas. Cuando llegué a éste versículo, hace algunas mañanas, hice una larga pausa en mi devociones. Busqué el silencio. Casi puedo decirte que puse en pausa todas mis prioridades.

La imagen de que “en nuestra propia cara”, “en nuestra propia casa nos quitaron la comida”, la idea de que “nos robaron la alegría de estar en la casa de nuestro Dios” me cerró por todos lados. Acaso no almuerzas con el celular en la mano. Acaso no cenas con el televisor encendido. Acaso no tienes almuerzos de trabajo. Acaso no desayunas, meriendas y toda actividad lo reines alrededor de la comida. Hace tiempo que vengo conversando con mi nutricionista y el problema de la mala alimentación está en alza. Comemos muy mal y muy rápido. La mala nutrición hace que nos enfermemos mas seguido. La idea de que nos quitaron la comida no significa que nos han robado el alimento, sino que somos nosotros quienes nos auto-robando todos los días. Hemos perdido la capacidad de disfrutar con nuestras esposas, con nuestros hijos, con nuestras familias la posibilidad de sentarnos todos a la mesa del Señor. Ya no hay familias sentadas a la mesa. Ya no se construyen casas grandes. Todo está pensado para disfrutar en soledad. Los cines premiun ya están teniendo lugares para 1 sola persona. No te parece increíble que lo mas simple se esté volviendo tan complejo.

Intenta organizar un almuerzo familiar y fijate como todos tienen compromisos. Quizás buenos compromisos como servir al Señor. Intenta reunir a 5 amigos un mismo día. Nadie tiene tiempo para disfrutar. ¿Nadie tiene tiempo? ¿No será que nuestras agendas y rutinas están acabando con destruir nuestras relaciones? Quizás esté siendo muy rupturista o pesimista, pero estoy podrido de que todo se interponga entre mi familia y yo. TODO está diseñado para interrumpirnos. Las redes sociales. Netflix. Ondemand. Siempre tendrás mails que leer, actualizaciones que ver, mensajes para responder.

Fuimos diseñados por El y para El. Que éste fin de semana puedas volver a vivir la alegría de estar en la casa de Dios.

Olvidate el celular en tu casa. 

Dejá tu reloj en la repisa de tu cocina.

Cuando pises la casa de Dios, tu iglesia, intenta olvidar todos tus compromisos y concentráte sólo en EL y pedile lo siguiente:

Señor, enséñame a disfrutarte! 

Quiero volver a ser feliz en tu casa! 

En el nombre de Jesús. Amen!

 

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