Para tiempos difíciles

Le escribo esta carta a usted, que como yo, no entiende los tiempos de Dios.

Mientras espero en la fría sala de espera de la comisaría, pienso en lo anestesiados que estamos.

¿Por qué ya no nos duele cuando sufre el otro?

La violencia y la intolerancia parecen ser los mejores productos del marketing televisivo. Quizás usted lea mas diarios que yo o mire todos los noticieros de la noche, y quizás usted está navegando entre la impotencia y el dolor por no poder hacer nada ante tanta, tanta violencia.

En la espera, mis pensamientos corren buscando unir esos milisegundos vividos siete días atrás. Me van a tocar la herida nuevamente. No me refiero a los chichones que todavía tengo en la cabeza.

¿Dígame como le explico a la oficial, que yo ya los perdoné?

Perdonar a los ladrones, lo hizo mi hija con 15 años y yo dije amén, cerca de las 3 de la mañana de esa fría madrugada del sábado 8 de julio. Quizás lo que mas me cueste conciliar en mi corazón es ¿Por qué a mi? ¿Será consecuencia de un obrar imprudente de mi parte?

Le puede pasar a cualquiera, me dice alguien.

Otro con mucho menos tacto, me mira y me dice: ¡Qué susto que te pegaste! Y mientras tanto, la oficial sigue preguntándome por qué yo me quedé afuera. ¿Qué te dijeron? ¿Te amenazaron de muerte? No se, respondí. Se que me pegaron con la culata de sus armas y se llevaron 2 docenas de empanadas bien calentitas y mi celular.

Se también que el momento difícil continúa hoy, cuando un auto polarizado avanza muy despacio por la calle, mientras yo camino por la vereda.

¿Te acordas de qué vehículo era? ¿Color? ¿Había mas personas?

Ella estaba haciendo su trabajo y yo debía ayudarla a responder, lo mejor posible, evitando revivir ese difícil momento. Afuera de la oficina, estaba mi dulce y cariñosa esposa, que me había acompañado. Ella me conoce, sabe de mis miedos.

Si usted está viviendo una injusticia o no puede superarla, escuchemos juntos al hombre que vivió la mayor injusticia de todos los tiempos. Ese hombre está a minutos de sufrir el momento mas horrendo de su vida. Ese hombre también sufrió en la previa. Ese hombre estaba turbado mucho mas que usted, mucho mas que yo.

El mismo dice:

“… en este momento estoy sufriendo mucho, y me encuentro confundido. Quisiera decirle a mi Padre que no me deje sufrir así. Pero no lo haré, porque yo vine al mundo precisamente para hacer lo que él me mandó…”

Y yo me pregunto hoy. ¿Cuál es el propósito de mi vida? ¿Y si me algo malo me pasara mañana, lo habría cumplido? –¡Ay Jorge no digas eso! ¿Acaso usted tiene su próximo segundo de vida comprado? Yo no.

Ese hombre encontró ánimo en el momento mas difícil de su vida al pensar en su propósito. Si la dificultad que estas pasando no termina, es tiempo de que comiences a preguntarte por el propósito de tu vida.

Con total respeto y prudencia lo menciono. No soy experto en dolores ni angustias, pero he vivido algunos en mis cortos 38 años de vida y puedo asegurarle que para atravesar la hora mas oscura de mi vida, decidí no escapar.

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